En las tierras que hoy ocupan Guatemala, El Salvador, Honduras, Belice y México, floreció hace 3.800 años la más importante civilización americana original
"El imperio Maya"
Escondidos entre la selva virgen o las montañas, o al borde de imponentes acantilados , surgen los vestigios de la cultura Maya, la más fascinante del continente americano, que floreció en Mesoamérica —área que se extiende desde el sur de México hasta la selva de Darién, en Panamá— y se fue apagando lenta y misteriosamente hacia el siglo XVII d.C. Es apasionante seguir el rastro de los Mayas a través de un mágico recorrido, que respeta la ruta por la que se desplazaron desde las las "tierras altas" del sur (parte de Guatemala, la mexicana Chiapas, El Salvador y parte de Honduras) hacia el centro y las "tierras bajas" del norte de Mesoamérica (Bélice, norte de Guatemala y parte de México).
Los extraordinarios templos que se hallan en México, Guatemala, Belice, El Salvador y Honduras conservan esculturas, pinturas y grabados que muestran su evolución, clasificada en períodos: Preclásico (2.000 a.C. a 250 d.C), Clásico (250 a 900 d.C) y Posclásico (900 a 1.500 d.C). Palenque (México); Tikal (Guatemala) y Caracol (Belice), emplazadas en medio de la selva, entre las montañas, Copán (Honduras), ciudad de San Andrés (El Salvador), son las más imponentes ciudades construidas en el período Clásico, cuando la civilización maya alcanzó su máximo esplendor.
Se plantean muchos interrogantes quizás, alguna respuesta pueda hallarse, en las encantadoras villas aledañas a las ruinas, en los curiosos guijarros de cerámica, en las voces tenues con acento quiché y en los rasgos de los lugareños, un sorprendente calco de los rostros esculpidos en los templos de las ciudades milenarias. La visita a cada una de ellas es una completa aventura.
Fuente: María Zacco. /para Diario CLARIN |
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